¿Podría tu empresa seguir operando después de un sismo?
Después de un sismo, un inmueble puede permanecer en pie, mientras la empresa que lo ocupa queda imposibilitada para operar. Factores como máquinas dañadas, fallas eléctricas, o una restricción temporal del acceso al edificio pueden detener las actividades.
Prepararse frente al riesgo sísmico exige identificar equipos, instalaciones y servicios de los que depende el negocio. Una máquina puede tener un valor contable específico, pero su importancia será mayor si sostiene una línea completa de producción. Algo similar ocurre con los servidores, cámaras de refrigeración o equipos especializados difíciles de sustituir.
El costo de perderlos incluye su reparación o reposición, pero también los ingresos que dejan de generarse, los pedidos retrasados o los gastos necesarios para restablecer la operación.
En la Ciudad de México, por ejemplo, existen al menos 1,300 edificios con vulnerabilidades estructurales asociadas con hundimientos, deterioro de materiales y actividad sísmica, de acuerdo con Huella Estructural, empresa especializada en monitoreo de edificaciones.
Pero lo cierto es que la respuesta de una construcción ante un sismo depende de diversas variables, el tipo de suelo, su diseño, los materiales empleados, las modificaciones realizadas y hasta su estado de conservación. Es por ello que las inspecciones periódicas, el mantenimiento y/o la revisión de instalaciones ayudan, de manera preventiva, a detectar condiciones que podrían afectar la operación.
¿Cuánto cuesta dejar de utilizar un activo?
Si una máquina queda fuera de servicio, su reparación representa apenas una parte del impacto. La empresa también puede enfrentar días sin producir, incumplimientos, penalizaciones y/o pérdida de clientes.
Aquí hay dos preguntas en el aire: ¿cuánto vale el activo y cuánto costaría no poder utilizarlo? Esta distinción permite reconocer qué equipos y procesos deben recuperarse primero, cuáles requieren mantenimiento prioritario y dónde se necesitan alternativas de respaldo.
El papel vital del seguro
Las medidas preventivas reducen la exposición, pero no cubren las pérdidas cuando el daño ocurre. Un seguro empresarial es ese aliado que puede brindar respaldo financiero para reparar o sustituir inmuebles, maquinaria, instalaciones, equipos e inventarios afectados por un sismo, siempre que el riesgo y los bienes estén contemplados en la póliza.
También pueden contratarse coberturas de interrupción de actividades. Cuando un daño amparado obliga a suspender temporalmente la operación, estas coberturas pueden considerar la pérdida de ingresos, los gastos fijos que continúan durante el cierre y ciertos desembolsos necesarios para reanudar las actividades, según las condiciones contratadas.
Esto importa porque las obligaciones de una empresa no se detienen junto con sus operaciones. La nómina, las rentas, los servicios y otros compromisos pueden continuar mientras el negocio permanece cerrado.
Es necesario revisar qué bienes y ubicaciones están asegurados, las sumas contratadas, los deducibles, los coaseguros, las exclusiones y el periodo de indemnización.
La cobertura también debe actualizarse cuando la empresa compra maquinaria, amplía una planta, abre una ubicación o incrementa sus inventarios. Si estos cambios no se incorporan, la póliza puede dejar de reflejar el tamaño real de la exposición.
En este mes y aprovechando los simulacros de sismos que se realizan, vale la pena revisar la ruta de evacuación, pero también la capacidad de recuperación del negocio. ¿Quién tomará las decisiones? ¿Qué proceso debe restablecerse primero? ¿Dónde están las facturas, avalúos e inventarios necesarios para presentar una reclamación?
La preparación frente a un sismo también consiste en saber cómo se recuperará la operación y con qué respaldo financiero contará la empresa para hacerlo. ¿Tu empresa ya está asegurada y preparada para enfrentar un sismo?
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